domingo, 23 de septiembre de 2012

Tema 2. Actividades del tema



Tema 2. El Estado y el poder como límites a los excesos de la libertad

Según algunos filósofos la autoridad, el poder, la ley… surgen como mecanismo social para frenar los excesos de la libertad: el ser humano es libre de tomar decisiones, sin embargo tiene deseos, ambiciones, intereses que le hacen no tomar siempre las decisiones adecuadas para sí y para los demás; surge así la necesidad de crear un poder capaz de limitar los excesos de la libertad individual (más que de la libertad de las consecuencias de las decisiones negativas libremente tomadas). El exceso de libertad llevaría a una situación paradógica: la total libertad del más fuerte y la ausencia de libertad o incluso muerte de los demás.  Por supuesto hay filósofos que creen que el poder del Estado es peor que los males que se quieren atajar (los anarquistas, por ejemplo), sin embargo esa ya es otra historia. Aquí hay textos que defienden la primera opción.

<<Repasando la historia, tanto la más antigua como la más contemporánea, te confieso que llego a la conclusión de que estas objeciones contrarias a los jefes y al Estado tienen bastante fundamento. Pero también me resulta evidente que esperar el milagro de que millones de seres humanos logren vivir juntos de manera automáticamente armoniosa y pacífica, sin ningún tipo de dirección colectiva ni cierta coacción que limite la libertad de los más destructivos o de los más imbéciles (que suelen ser los mismos), no es cosa que parezca compatible con lo que los humanos hemos sido, somos… ni siquiera con lo que verosímilmente podemos llegar a ser. De modo que considero indispensables algunas órdenes… aunque no cualquier tipo de órdenes; ciertos jefes… aunque no cualquier tipo de jefes; algún gobierno… pero no cualquier gobierno. Volvemos así, qué quieres que yo le haga, al planteamiento inicial del asunto, de ese asunto del que la política se ocupa: ¿a quién debemos obedecer? ¿En qué debemos obedecer? ¿Hasta cuándo y por qué tenemos que seguir obedeciendo? Y, desde luego, ¿cuándo, por qué y cómo habrá que rebelarse?>>
SAVATER, Fernando, Política para Amador, Barcelona, Ariel, 1992.

<<Por lo demás, los hombres no derivan placer alguno (antes bien, considerable pesar) de estar juntos allí donde no hay poder capaz de imponer respeto a todos ellos. […]. En tal condición no hay lugar para la industria; porque el fruto de la misma es inseguro. Y por consiguiente tampoco cultivo de la tierra; ni navegación, ni uso de los bienes que pueden ser importados por mar, ni construcción confortable; ni instrumentos para mover y remover los objetos que necesitan mucha fuerza; ni conocimiento de la faz de la Tierra; ni cómputo del tiempo; ni artes; ni letras; ni sociedad; sino, lo que es peor que todo, miedo continuo, y peligro de muerte violenta; y para el hombre un vida solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta>>
HOBBES, Thomas, Leviatán, siglo XVII.
Leviathan gr
<<De los fundamentos del Estado se deduce evidentemente que su fin último no es dominar a los hombres ni acallarlos por el miedo o sujetarlos al derecho de otro, sino por el contrario libertar del miedo a cada uno para que, en tanto que sea posible, viva con seguridad, esto es, para que conserve el derecho natural que tiene a la existencia, sin daño propio ni ajeno. Repito que no es el fin del Estado convertir a los hombres de seres racionales en bestias o en autómatas, sino por el contrario que su espíritu y su cuerpo se desenvuelvan en todas sus funciones y hagan libre uso de la razón sin rivalizar por el odio, la cólera o el engaño, ni se hagan la guerra con ánimo injusto. El verdadero fin del Estado es, pues, la libertad.>>
SPINOZA, Baruch, Tratado teológico-político, siglo XVII
Spinoza

Tema 02. Los límites de la libertad

Siguiendo la frase "La libertad del individuo acaba donde empieza la libertad de los demás" la Revolución Francesa en la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano (1789) en su punto cuarto señala:

<<IV. La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre, no tiene otros límites que los que garantizan a los demás miembros de la sociedad el disfrute de los mismos derechos. Estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.>> 
Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, París, 1789

Declaration of the Rights of Man and of the Citizen in 1789

Tema 1. La razón elemento fundamental del ser humano y el papel de la educación

<<Es la posesión de la razón la que hace al hombre. Si los árboles y las bestias salvajes crecen, los hombres, creedme, se moldean. Los hombres que antiguamente vivían en bosques, guiados por meras necesidades y deseos naturales [...] eran más bien bestias salvajes que hombres. Porque la razón, rasgo de humanidad, sobra allí donde todo lo domina el instinto. [...]>>
>>La naturaleza, al daros un hijo, os ofrece una criatura ruda a la que, por vuestra parte, debéis moldear para que se convierta en un hombre verdadero. Si este moldeado se descuida, seguiréis teniendo un animal; si, por el contrario, se realiza seria y sabiamente, tendréis lo que puede resultar un ser semejante a Dios.>>
ERASMO DE ROTTERDAM, Sobre la enseñanza de los niños, 1529
 Holbein-erasmus
<<La educación, la disciplina, nos permite pasar del estado animal al estado humano. Un animal es solo lo que su instinto le permite ser. La especie humana necesita la razón, está obligada a desarrollar, con su propio esfuerzo, todas las cualidades que pertenecen a la humanidad. Una generación tiene que educar a la siguiente.>>
KANT, Inmanuel, Reflexiones sobre la educación, siglo XVIII
 Immanuel Kant (painted portrait)

Tema 1. Actividades del tema


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Tema 2. Textos sobre la libertad y la responsabilidad

<<En resumidas cuentas: puede haber órdenes, costumbres y caprichos que sean motivos adecuados para obrar, pero en otros casos no tiene por qué ser así. Sería un poco idiota querer llevar la contraria a todas las órdenes y a todas las costumbres, como también a todos los caprichos porque a veces resultarán convenientes o agradables. Pero nunca una acción es buena sólo por ser una orden, una costumbre o un capricho. Para saber si algo me resulta de veras conveniente o no tendré que examinar lo que hago más a fondo, razonando por mí mismo. Nadie puede ser libre en mi lugar, es decir: nadie puede dispensarme de elegir y de buscar por mí mismo. Cuando se es un niño pequeño, inmaduro, con poco conocimiento de la vida y de la realidad basta con la obediencia, la rutina o el caprichito. Pero es porque todavía se está dependiendo de alguien, en manos de otro que vela por nosotros. Luego hay que hacerse adulto, es decir, capaz de inventar en cierto modo la propia vida y no simplemente de vivir la que otros han inventado para uno. Naturalmente, no podemos inventarnos del todo porque no vivimos solos y muchas cosas se nos imponen queramos o no (…). Pero entre las órdenes que se nos dan, entre las costumbres que nos rodean o nos creamos, entre los caprichos que nos asaltan, tendremos que aprender a elegir por nosotros mismos. No habrá más remedio, para ser hombres y no borregos (con perdón de los borregos), que pensar dos veces lo que hacemos. Y si me apuras, hasta tres y cuatro veces en ocasiones señaladas.>>
SAVATER, Fernando, Ética para Amador, Barcelona, Ariel.
Fernando Savater by Gonzalo Merat
<<[...] Pero ¿tiene el ser humano libre albedrío? En la historia de la filosofía hay dos puntos de vista extremos sobre esta cuestión: el determinismo y el indeterminismo. Ambas palabras provienen, como podemos ver, del verbo latino determinare.>>
>>Determinismo quiere decir que todo lo que ocurre está ya determinado por diversas causas. Tanto nuestra actitudes y acciones como nuestras elecciones y nuestra voluntad están determinadas por condiciones externas tales como la herencia de los padres y el ambiente en el que uno crece. Por eso no tenemos libre albedrío. La sensación de elegir libremente es una mera ilusión.<<
>>Los indeterministas discrepan.Tenemos libre albedrío, dicen. Somos algo más que unos robots programados. Somos capaces de elegir entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo equivocado. Si no tuviéramos libertad, tampoco tendríamos responsabilidad. ¿Pero somos responsables de nuestros actos?<<
[...]
>>Ambos puntos de vista tendrán algo de razón. Cuando actuamos, tenemos la sensación de actuar libremente. Pero cuando miramos hacia atrás a nuestros actos, encontramos a menudo razones y motivos de por qué actuamos así. Tal vez podamos señalar circunstacias atenuantes para una persona que ha hecho algo malo. Pero no se puede echar mano de circunstancias atenuantes en el momento en el que se hace una elección ética.>>
GAARDER, Jostein, HELLERN, Victor y NOTAKER, Henry, El libro de las religiones, Madrid, Siruela, 2009, págs. 355 y 356. 
Statue-de-la-liberte-new-york

Tema 2. Texto en el que se muestra la diferencia entre ética y moral

<<¡Esto es inmoral! es una frase que se oye a menudo. Tal vez la digamos también nosotros. Expresiones como moral cívica, moral comercial, moralidad sexual aparecen a menudo en la conversaciones y en los titulares de los periódicos. O se emplea la palabra ética. ¿Esto es ético? nos preguntamos. Hablamos a menudo de ética del trabajo o de ética médica. Y cuando lo hacemos sobre cómo abordan o tratan los periódicos los temas y a las personas, hablamos de ética periodística. Las palabras ética y moral se usan a menudo indistintamente. No obstante, tienen significados algo diferentes. La moral tiene que ver con las acciones, es decir, con la conducta de una persona. La ética suele tratar de los valores en los que se basan nuestras acciones. Podríamos decir que la ética y la moral son como la teoría y la práctica. la ética es la teoría moral, o la filosofía moral. Todo ser humano tiene una moral, porque todos realizamos actos que pueden ser juzgados éticamente. Pero no todo el mundo tiene un ética ponderada (equilibrada y meditada). El haber meditado sobre cuestiones éticas sirva a menudo de apoyo para la moral.>>
GAARDER, Jostein, HELLERN, Victor y NOTAKER, HENRY, El libro de las religiones, Madrid, Siruela, 2009, págs. 346 y 347.
 Jostein Gaarder