<<En resumidas cuentas: puede haber órdenes, costumbres y caprichos que sean motivos adecuados para obrar, pero en otros casos no tiene por qué ser así. Sería un poco idiota querer llevar la contraria a todas las órdenes y a todas las costumbres, como también a todos los caprichos porque a veces resultarán convenientes o agradables. Pero nunca una acción es buena sólo por ser una orden, una costumbre o un capricho. Para saber si algo me resulta de veras conveniente o no tendré que examinar lo que hago más a fondo, razonando por mí mismo. Nadie puede ser libre en mi lugar, es decir: nadie puede dispensarme de elegir y de buscar por mí mismo. Cuando se es un niño pequeño, inmaduro, con poco conocimiento de la vida y de la realidad basta con la obediencia, la rutina o el caprichito. Pero es porque todavía se está dependiendo de alguien, en manos de otro que vela por nosotros. Luego hay que hacerse adulto, es decir, capaz de inventar en cierto modo la propia vida y no simplemente de vivir la que otros han inventado para uno. Naturalmente, no podemos inventarnos del todo porque no vivimos solos y muchas cosas se nos imponen queramos o no (…). Pero entre las órdenes que se nos dan, entre las costumbres que nos rodean o nos creamos, entre los caprichos que nos asaltan, tendremos que aprender a elegir por nosotros mismos. No habrá más remedio, para ser hombres y no borregos (con perdón de los borregos), que pensar dos veces lo que hacemos. Y si me apuras, hasta tres y cuatro veces en ocasiones señaladas.>>
SAVATER, Fernando, Ética para Amador, Barcelona, Ariel.
<<[...] Pero ¿tiene el ser humano libre albedrío?
En la historia de la filosofía hay dos puntos de vista extremos sobre esta cuestión: el determinismo y el indeterminismo. Ambas palabras provienen, como podemos ver, del verbo latino determinare.>>
>>Determinismo quiere decir que todo lo que ocurre está ya determinado por diversas causas. Tanto nuestra actitudes y acciones como nuestras elecciones y nuestra voluntad están determinadas por condiciones externas tales como la herencia de los padres y el ambiente en el que uno crece. Por eso no tenemos libre albedrío. La sensación de elegir libremente es una mera ilusión.<<
>>Los indeterministas discrepan.Tenemos libre albedrío, dicen. Somos algo más que unos robots programados. Somos capaces de elegir entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo equivocado. Si no tuviéramos libertad, tampoco tendríamos responsabilidad. ¿Pero somos responsables de nuestros actos?<<
[...]
>>Ambos puntos de vista tendrán algo de razón. Cuando actuamos, tenemos la sensación de actuar libremente. Pero cuando miramos hacia atrás a nuestros actos, encontramos a menudo razones y motivos de por qué actuamos así. Tal vez podamos señalar circunstacias atenuantes para una persona que ha hecho algo malo. Pero no se puede echar mano de circunstancias atenuantes en el momento en el que se hace una elección ética.>>